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Espacio dedicado a libros y autores en campo de Ciencias Sociales y Humanidades


Enciclopedia portátil de teoría política

Israel Covarrubias, Enciclpedia portátil de teoría política, Ciudad de México, Ubijus, 2021.

Introducción

En México, existen varios factores en el mundo académico para entender que la crítica bibliográfica sea considerada un plato de segunda o una actividad para principiantes. Para la mayor parte de los académicos en nuestro país, la reseña de libros y, en general, la crítica bibliográfica, han sido consideradas como un plato de segunda o un ejercicio para principiantes. Esto no sucede en el caso de los escritores e intelectuales, tanto de México como de otras latitudes, que hacen de la crítica tanto de libros como de autores, una de sus actividades y quizá pasiones más consistentes y polémicas. Piénsese, por ejemplo, en el caso de George Steiner (1929-2020), profesor de las universidades de Cambridge y Oxford, quién fue uno de los críticos literarios más reconocidos y brillantes de Europa desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días, y quien además nos enseñó que la crítica bibliográfica es una forma clásica donde la glosa, una combinación de arte y técnica, es un instrumento esencial de comunicación académica y transmisión cultural.[1]

En primer lugar, porque nuestro mundo académico es una auténtica fiesta de las vanidades, donde el hambre de reconocimiento se confunde con el narcisismo, y termina consolidando el pequeño imperio egocrático que se alimenta del rechazo y la invisibilización de los otros. En este mundo habitado por fantasías ingobernables, no hay lugar para obsequiar comentarios a la obra de los otros, y menos si éstos no citan el trabajo del narcisista, que juzga como “indispensable”. La máxima “elogio en boca propia es vituperio” es oportuna en este caso.

En segundo lugar, es un hecho histórico que la mayor parte de las revistas mexicanas llamadas científicas, por lo menos en el campo de las ciencias sociales y humanidades, no cuentan con una política editorial clara respecto a las secciones bibliográficas. En el mejor de los casos, son secciones de “relleno”: se publican las reseñas que llegan de vez en cuando al correo o a la redacción de la revista, pero no se parte de la idea de trazar una línea editorial precisa de qué autores, con qué temas, de cuáles editoriales y en qué lenguas se podrían recibir o pedir reseñar de libros recientes en los campos de dominio intelectual y académico que la revista pretende cubrir con su presencia en el mercado académico. Además, contraria a la convicción kantiana de que la crítica es el epicentro de la ciencia en la modernidad, las publicaciones periódicas de nuestro país evitan meterse o comprar “gratuitamente” problemas con los autores reseñados, al no fomentar la actividad crítica sobre la obra puesta bajo consideración, sobre todo cuando aquellos son “autoridad” —esta es un efecto indirecto de la egocracia— en los mismos campos en los cuales la publicación desarrolla sus propósitos.

En tercer lugar, tengo la impresión que la cuestión también está relacionada con las estructuras de incentivos económicos que priman en las universidades, las cuales no premian el escrito “breve” que sale de una crítica bibliográfica. En pocas palabras, no contabiliza en el puntaje para lograr los estímulos económicos que están en juego. Ni siquiera el Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología tiene una política clara respecto a este género. Desde hace varios lustros, este órgano estatal divide las reseñas en informativas y críticas, tomando en consideración únicamente las del segundo tipo. A pesar de que se le toma en cuenta, termina siempre recluida como parte de los “productos” secundarios en evaluación, al tiempo que se le deja a la consideración de la comisión dictaminadora respectiva juzgar el estatuto de la crítica bibliográfica con relación al grado de desarrollo de las áreas de investigación de los y las postulantes. Esto se vuelve más relevante para el discurso que quiero puntualizar, si observamos que muchos de esos miembros evaluadores nunca han escrito reseñas, o solo lo han hecho en contadas ocasiones. En este sentido, pensemos que una reseña cruzada donde se problematiza el régimen de discursividad cognitivo de varios libros puede ser un auténtico artículo académico, ya que aporta nuevo conocimiento en una materia específica. Es decir, podría ser tomada en consideración para una evaluación como un artículo de investigación, pues el resultado es un efecto de la competencia y la profundización que el/la investigador/a tiene sobre los temas que tratan los libros.

Sin duda, la crítica bibliográfica es un punto de convergencia que cobra hoy una relevancia creciente en el terreno de la comunicación científica. Más aún, si pensamos que la comunicación científica tiene que ver directamente con la obtención de un campo de visibilización y reconocimiento del quehacer de un científico o investigador frente a sus pares. Aunque también está involucrada la dinámica de la transmisión inherente a la actividad de formación de los recursos humanos, así como la respuesta profesional a las exigencias de evaluación nacional e internacional de los académicos.

En este sentido, cuando se habla de comunicación científica se parte del supuesto que todos los involucrados saben de qué trata el asunto, esto es, que todos saben qué tienen que hacer para lograr enganchar un resultado de investigación con sus canales de comunicación. Lo particular del asunto es que si esto es así, no tendríamos artículos rechazados en las revistas especializadas; tampoco libros no publicados por la falta de rigor; mucho menos un interés creciente desde el punto de vista universitario en la profesionalización de los canales de la comunicación de la ciencia.

Por ello, la crítica bibliografía es indispensable, ya que conecta a los autores con un determinado público, a las editoriales con sus potenciales consumidores; indica el grado de avance de una disciplina, de un dominio específico de saber; así como del grado de consistencia y originalidad de la ciencia local, tanto en el centro como en la periferia, frente a sus pares de otras latitudes. Desenmascara, o ese debería ser uno de sus objetivos, la mala literatura científica de la buena literatura, los refritos de los libros originales, sean de autor o colectivos; las obras ambiciosas de las obras modestas; los recambios y las continuidades generacionales, donde una buena reseña (que no necesariamente es complaciente con los contenidos bajo escrutinio) puede indicar el reconocimiento de las lecturas realizadas por los “nuevos académicos”; o la reticencia a su aceptación a causa de esos pequeños autoritarismos que aún definen las instituciones universitarias y los centros de investigación, que a su vez los editores de las revistas de esas instituciones terminan reproduciendo. Es una actividad vital que debe ser reivindicada dentro del conjunto de las actividades académicas y de investigación en las instituciones de educación superior, tanto públicos como privados.

La comunicación científica tiene variadas formas de expresión. Con frecuencia es el resultado de la combinación de actividades de difusión y divulgación. Este conjunto va de los congresos, coloquios y seminarios a las ferias científicas, donde también debemos incluir las ferias del libro que se han vuelto auténticos espacios de comunicación científica para los académicos; así como los programas de televisión y radio, las presentaciones de libros, las conferencias para públicos no especializados y en muchos casos excluidos de los beneficios sociales de la ciencia, hasta llegar a las publicaciones impresas y electrónicas, medio por excelencia de este tipo de comunicación.

En este campo, tenemos dos tipos predominantes de comunicación científica. El primero está representado por las revistas especializadas, arbitradas y/o indexadas. Tienen una periodicidad semestral, cuatrimestral o trimestral, y sus contenidos son dictaminados en general por el método doble ciego. Con la excepción precisamente de las reseñas, que en el mejor de los casos son evaluadas por el consejo editorial o la dirección en turno de la revista, pero sin una estructura o maqueta de evaluación similar como la que utilizan los dictaminadores para el caso de los artículos. El segundo está organizado alrededor de las publicaciones para el “gran público”: los periódicos, los suplementos semanales, quincenales o mensuales de literatura y cultura, las revistas llamadas por una convención tipológica como culturales, tanto impresos como digitales.[2]

Aunado a ello, otro problema es que nuestro país carece de una revista dedicada a la crítica de libros, como son los casos del The New York Review of Books, o su filial inglesa, que luego se separó de la empresa norteamericana, London Review of Books. Probablemente el suplemento Hoja por Hoja (1997-2008), dirigido por Tomás Granados, hoy director de la estupenda editorial Grano de Sal, y que se encartaba en siete periódicos del país, fue el esfuerzo más importante en los años recientes de un espacio dedicado íntegramente al libro y su cultura.[3] Pero en general, la crítica bibliográfica se parapeta en los pocos espacios que tienen los suplementos culturales de los periódicos, aunque el interés primordial es por la reseña de narrativa, poesía o ensayo cultural y literario, no por el texto académico.[4]

Desde hace algunos años dirijo un seminario doctoral sobre comunicación científica, donde reviso con los/as estudiantes, entre otras cosas, la relevancia y el estatuto de la crítica bibliográfica como actividad necesaria de la comunicación científica. En particular, discutimos el rol de la lectura previo a la construcción del lugar del autor, ya que la lectura determina el nacimiento del autor. Esto es significativo para un/a joven estudiante doctoral que está construyendo sus primeros textos académicos, y no conoce, por ejemplo, la importancia de la lectura, la crítica bibliográfica y el fenómeno de la escritura para la construcción de los estados del conocimiento en las áreas específicas donde coloca sus intereses dentro de su disciplina.[5] De hecho, uno de los requisitos que pido a las/os estudiantes para aprobar el seminario es la entrega de una reseña que problematice una obra de reciente publicación vinculada con el tema que desarrollan en sus respectivas tesis doctorales.

La idea de esta compilación es la de ofrecerle al lector un libro de difusión, breve y accesible, que sea una herramienta de apoyo para la docencia y para formación de recursos. Está pensado principalmente para estudiantes de grado y posgrado en las áreas de las ciencias sociales y las humanidades, a quienes les quisiera compartir ciertas maneras de abordaje sobre un libro o un autor. Por ello, reúno aquí un conjunto de reseñas, informativas y críticas, que he publicado entre 2001 y 2021 precisamente tanto en suplementos culturales semanales, así como en revistas culturales y especializadas. Es una enciclopedia portátil de teoría política, ya que a pesar de que muchas de las reseñas son de libros y autores no “originarios” de esa área de trabajo, lo que sí pertenece definitivamente al campo de la teoría política es la manera de leer las obras en revisión.

Este breve itinerario bibliográfico también significa poner a consideración de los lectores una suerte de playlist de los autores y temas sobre los cuales un académico va y viene en su trayectoria profesional. Esto significa no ocultar las filiaciones ni las obsesiones intelectuales que animan nuestra tarea.


[1] Vid. por ejemplo, George Steiner en The New Yorker, Ciudad de México, Siruela-FCE, 2009.

[2] Cf. Lauro Zavala, De la investigación al libro. Estudios y crónicas de bibliofilia, Ciudad de México, UNAM, 2007, pp. 55-81.

[3] Vid. Armando Pereira, et. al, “Hoja por hoja. Suplemento de libros”, Enciclopedia de la literatura en México”. Disponible en: http://www.elem.mx/institucion/datos/1853.

[4] Cf. Xavier Rodríguez Ledesma, “Follaje de tinta: revistas y suplementos culturales en México (1968-2000)”, Metapolítica, núms. 24-25, julio-octubre 2002.

[5] Sobre esta cuestión, sugiero el estupendo libro de Howard Becker, Manual de escritura para científicos sociales. Cómo empezar y terminar una tesis, un libro o un artículo, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2011; o el ensayo del premio nobel de medicina, Peter. B. Medawar, Consejos a un joven científico, Barcelona, Crítica, 2011.



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