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  • Política y transgresión

    ANTOLOGÍA DE TEXTOS DE LA REVISTA METAPOLÍTICA. EDITOR: ISRAEL COVARRUBIAS. CIUDAD DE MÉXICO: EDITORIAL ANALÉCTICA, 2021, 425 PP. ISBN: 979-851-06-5407-3. Descarga el libro aquí

    INTRODUCCIÓN: El arte de la transgresión y las fronteras de la política (extracto)

    por Israel Covarrubias


    La palabra transgresión tiene una semántica peculiar. Primero, comporta la alteración de un orden, plano, secuencia o regla. Es el punto de quiebra entre dos ángulos que curiosamente están unidos por la separación a la que empuja el acto de transgredir. La división de dos cuerpos o dos puntos en el interior de un mismo cuerpo, suponen observar y rastrear las huellas de esa distancia que hace diferente y extraño al uno del otro, para que dejen ver su total incompletud en la mutua dependencia que los exige y sofoca. Por ejemplo, cuando se sigue insistiendo en la necesidad de amplificar la ficción de aquel imperativo categórico que registra y determina la “identidad” sexual anclándola a su mero carácter biológico, se termina por confirmar que la existencia es una e indivisible, cosa más ajena de la realidad de nuestros días.

    La transgresión, por ende, es un desafío a la edificación de fronteras de todo tipo en el interior de la sociedad, comenzando con aquellas territoriales hasta llegar a las inmateriales que se encuentran subsumidas o quizá perdidas en la lógica ilusoria de lo correcto (o lo normal), presentes en muchas de nuestras sociedades. Si se habla de fronteras de la vida en sociedad, no se puede dejar de lado el carácter político que adopta la forma de la transgresión. Es decir, no hay transgresión sin relación con la política. Es, de hecho, esta última la que la modela y probablemente termina por colocarse como el dispositivo de reducción o expansión de aquella. Así, seguir insistiendo que la vida en democracia presupone que todos somos iguales frente a la ley, frente al derecho, frente a las instituciones, es una falacia, ya que aquel que puede tener y obtener poder seguro lo ejercerá en contra de aquellos que no están en posibilidades de tenerlo. Ya Claudio Magris (2008: 60) lanzaba irónicamente la sentencia de que “la ley es la tutela de los débiles, porque los fuertes no necesitan de ella”. Y tal parece que en la democracia del siglo XXI esta premisa sigue siendo moneda de uso corriente.
    De cualquier modo, la transgresión es una frontera al tiempo que inventa nuevos límites con cada movimiento que desarrolla. Al respecto, en su contribución a este volumen, Patxi Lanceros dice que: “La línea, trazo o traza, es establecimiento e institución de un principio de orden”. El derribamiento de las fronteras al momento de ser transgredidas supone el nacimiento de las separaciones y barreras entre los Estados, los sujetos, las experiencias sociales que se traslucen en ese ángulo infinito de toda frontera. Luego recomienza la transgresión y así sucesivamente… “Las fronteras”, escribe Alejandro Grimson (2003: 22), “pueden desplazarse, desdibujarse, trazarse nuevamente, pero no pueden desaparecer: son constitutivas de toda vida social”. Ergo, no hay manera de que la política permita la disolución total de las fronteras que implican a la transgresión en la creación de esos muros…

    ÍNDICE

    Introducción
    El arte de la transgresión y las fronteras de la política
    Israel Covarrubias

    Espacios políticos

    La huella del crimen. Imagen de la ciudad
    Patxi Lanceros
    Por una política más allá de los amos de la ciudad
    Rosario Herrera Guido
    Imposible, sin embargo real
    Mario Perniola
    Tiempo, orden, poder. Sobre algunos presupuestos conceptuales del programa neoliberal
    Maurizio Ricciardi
    Populismo y discurso anti-populista
    Javier Franzé
    Plétora Trashumante. Clinamen y deslizamiento existencial
    Reyna Carretero Rangel
    Las raíces de la política absoluta
    Alessandro Pizzorno
    Sobre el concepto de sociedad compleja
    Gian Enrico Rusconi

    Heterodoxias
    Guy Debord: violencia y esperanza en el último espectáculo
    Giorgio Agamben
    Miguel Abensour: el mapa del mundo y el ataúd de la utopía
    Patrice Vermeren
    María Zambrano: añoranza de la ciudad
    María Luisa Maillard García
    Pier Paolo Pasolini, un intelectual “herético”
    Giovanni Falaschi
    Eros y anomia en Georges Bataille
    Edgar Morales
    Estado, venganza y justicia en Friedrich Nietzsche
    Hugo César Moreno Hernández
    Milan Kundera: narrativa y heterodoxia
    Conrado Hernández López
    Claude Lefort, práctica y pensamiento de la desincorporación
    Gilles Bataillon
    Uexküll, Deleuze y el cuerpo sin órganos: hacia una ontología del entre
    María Luisa Bacarlett Pérez
    Kant, la larga y monotona vida de un genio revolucionario
    Franco Volpi


    Palabras-claves
    Hacer un interrogar del hacer
    Paola Martínez
    El derecho al sueño
    Emma León
    El cuerpo como lugar de la experiencia estética
    Zulai Macias Osorno
    El “verdadero obrero de nombres”: ley, derechos y principios en la era veroconstitucional
    Rafael Estrada Michel
    La violencia de la letra y post-letra.Reflexiones sobre algunos aspectos de la biopolítica
    Laurence Le Bouhellec Guyaman
    Algunas consideraciones sobre la vida cotidiana
    Michel Maffesoli


    Epílogo
    La filosofía, ¿antítesis de la transgresión?
    Juan Cristóbal Cruz Revueltas


    Procedencia de los textos

  • Acerca de la posdemocracia

    Colin Crouch, Posdemocracia, México, Taurus, 2004, 179 pp.

    Posdemocracia de Colin Crouch es un libro que aparece en un momento oportuno. En particular, por los infortunios actuales de la matriz cristiano-occidental de la democracia, que ha llegado al punto más alto en el desarrollo de una cultura que no puede seguir garantizando respuestas adecuadas y plausibles a sus propios apetitos. Por ello, pareciera que se asiste al momento crucial de su caída y de su posible superación. Como si fuese un ave fénix, la democracia debe ser concebida –nos dice rápidamente desde las primeras páginas Crouch– como una parábola, y no un modelo normativo único y esencialista, encerrado en sí mismo de una vez por todas, listo para ser importado. El argumento esencial del libro es el siguiente: hay algo que no ha funcionado y que no funciona bien con la democracia. Por ello, vale preguntar, ¿qué cosa es? En particular, resulta ser la consecuencia de la relación superávit-déficit de la democracia, es decir, la relación entre sus ausencias y sus excesos, entre sus caprichos y sus imperfecciones –ya definidas a mediados de los ochenta por Bobbio en uno de los textos fundamentales sobre el argumento.

    ¿Qué significa posdemocracia? Es un estar más allá de la actual fase democrática, lo que no quiere decir que el modelo democrático liberal haya sido superado del todo. Al contrario, sugiere el tránsito a una forma democrática que necesita su afirmación a partir de definiciones y discusiones más completas de las que hasta ahora ha ofrecido la ciencia política. Entonces, salir del letargo actual, nos dice Crouch, pasa forzosamente por la creación de nuevas vías interpretativas sobre ella, pero también por la inclusión de fenómenos y aristas que en las décadas precedentes no estaban presentes con la fuerza y la visibilidad de hoy: la corrupción y el punto final del modelo tradicional de los partidos y de la representación política, entre otros dilemas.

                Posdemocracia es una obra crítica, dirigida al gran público y en donde se ofrece una panorámica representativa de los principales problemas de la democracia, refiriendo, además, algunos probables cambios de tendencia de este impasse político. En primer lugar, abre la discusión sobre la llamada empresa global y sus efectos demoledores sobre los gobiernos y los Estados. Ello cobra importancia porque en la actualidad, la distinción entre mundo privado y mundo político ha perdido toda pertinencia. La empresa ha devenido en una auténtica institución de gobierno; en segundo lugar, aborda la confusión en la estructura de las clases sociales, y con ello, de los derechos sociales que conllevaron los ciclos ahora históricos de luchas obreras en Europa (por ejemplo, en Italia, Francia e Inglaterra). Paralelamente, señala lo superfluo que están resultando los partidos políticos, ya que están obligados a redefinir completamente la estructura y los modos de estructuración de la democracia representativa.

    Por otra parte, Crouch discute también el tema del desempleo y la pobreza, que una vez ya erradicados parcialmente de Europa, regresaron con más insistencia en el pasaje reciente de la democracia a la posdemocracia. Por un lado, está el hecho de que Europa, acaso sin saberlo con plena conciencia, se ha dirigido a una economía de servicios debido, entre otras cosas, a sus profundos procesos de desindustrialización en las últimas dos décadas, así como a un mercado del trabajo muy competitivo, también consecuencia de la fuerte migración calificada y no calificada a esta región a partir de inicio de los años noventa. El otrora modelo alternativo de capitalismo social que equilibraba la balanza frente al capitalismo flexible americano, cae en la cuenta de la necesidad de seguir controlando los intercambios económicos, pero sucede que esta pretensión se está volviendo difícil de concluir.

    Colin Crouch

             Es importante resaltar los cambios sufridos en el modelo tradicional de los partidos políticos, pues, como se observará, es un tema muy cercano a la situación actual de México. Sobre todo, por las propias previsiones de Crouch, “Si nos basamos en las tendencias recientes, el clásico partido del siglo XXI estará formado por una élite interna que se autorreproduce, lejana de la base del movimiento de masas, pero bien integrada en el interregno a un determinado número de grandes empresas que, en cambio, financiarán las concesiones de sondeos de opinión, consultorías externas y recolección de votos, a pacto de ser bien vistas por el partido cuando éste se encuentre en el gobierno”. Más adelante agrega que “Todos los partidos experimentan esta vulnerabilidad [habla del acoso de las llamadas empresas globales a los partidos y a las instituciones políticas en general]. Se esconde detrás de muchos de los escándalos por corrupción que han estallado en los partidos de todos los colores en las sociedades avanzadas de hoy. Una vez que el concepto de aquello que hacía especial al servicio publico deviene objeto de chistes cínicos y escarnio, y que la búsqueda de la ganancia personal es elevada a fin supremo del ser humano, sólo se puede esperar que los políticos, consultores y cualquiera que quiera vender su influencia política a cambio de ventajas, resultaran un aspecto importante y del todo legítimo de su participación en la vida política. Pero la cuestión de las élites políticas presenta dificultades específicas para los partidos socialdemocráticos, porque sus miembros y su núcleo electoral están mucho más lejos de la elite respecto a sus homólogos de los partidos de centro o de derecha.”

             Los ejemplos pueden ser distintos, pero todos ellos abrevarán de la misma patología. Para ofrecer una somera muestra, basta recordar los escandalosos casos de corrupción cometidos entre 2001 y 2002 en Estados Unidos por Enron, Tycom y otras entidades financieras que, por un lado, han sido compañías que aprovecharon fuertemente las tecnologías de la información, y, por esta misma razón, lograron elevar su valor de acciones aun antes de haber vendido un solo paquete de las mismas (con la ayuda de las grandes agencias estadounidenses de revisión contable, cuya nómina, se supo tiempo después, ¡era pagada por las propias compañías que estaban siendo imputadas!); transformando así, por otro lado, el propio mercado bursátil, ya que cada compañía se volvió un agente autónomo a las normas y a las reglas de las cuales el propio capital financiero no puede sustraerse, pues estas últimas imprimen la confianza necesaria en este tipo de intercambios económico-financieros, más aún en sociedades como la estadounidense, donde casi 50% de la población tiene sus ahorros invertidos en tales sociedades, sobre todo en el rubro de pensiones.

             Las transformaciones recientes de la democracia, que han llevado a la instauración de la posdemocracia en estricto sentido, conllevan contemporáneamente efectos negativos para el Estado, en su vertiente de Estado de derecho: último valuarte para controlar tanto a la empresa global como a la elite política “autóctona” y “transnacional”. Aquí, la discusión de fondo es que se está poniendo en predicamento la confiabilidad y la estabilidad de los procedimientos democráticos para el control del poder político y económico en el nivel nacional y global por reglas y procedimientos institucionales que garanticen el funcionamiento adecuado de la gobernanza democrática. En este sentido, se ha vuelto una realidad el diagnóstico reciente del filósofo político italiano Pier Paolo Portinaro, para quien la empresa global (llámese lobby o con cualquier otro nombre) ha empujado a la creación de un sistema dual de justicia. Es decir, un sistema a dos velocidades en donde existe “una justicia sobre medida”, que es aquella necesaria al nivel económico transnacional, y “una justicia de masas”, garante del aseguramiento de los derechos en la arena nacional. Es importante insistir sobre esta dimensión de las transformaciones de la democracia, porque como se sabe, sin Estado de derecho (efectivo cuando sus fines no son negociables) no existe democracia, mucho menos su consolidación en aquellos países de democratización más reciente, como el caso mexicano.

    Texto publicado en Galaxia Gutemberg, suplemento bibliográfico de la revista Este País, núm. 163, octubre, 2004, pp. 15-16 pp.